Carta a un amigo que está lejos

Todo estalló,

me acudió una soledad asesina y húmeda que envileció el aire

y corrí. Todo lo que pude. Hasta llegar

a mi casa, cerrada, ausente, inexistente.

Y dormí:

en las calles

                  en los bares

                                   en casas de mujeres buenas.

Mi padre me tendió una mano

al borde de la muerte,

con el corazón destrozado.

Juntó los trozos y los puso encima de la mesa:

esto es lo que hay, hijo mío. Llegará para dos?

Había corazón de sobra…

Era la locura.

Tanto tiempo disfrazada de poderosa aliada. Loca al fin.

La locura que te abre los ojos, tanto que las pestañas

hacen cosquillas en la espalda.

No sé si me vacié o descubrí que estaba vacío

y busqué, y busqué, y busqué…

y me cansé de buscar. Dije adiós.

Me despedí de los buenos que aún quedaban y me lancé al vacío de la nada.

Y allí estaba ella.

Me dijo: yo te ayudo. Tengo tiempo de sobra.

Y en ello está. Y en ello estoy.

Lo alternativo no era suficiente. Llegó la droga dura.

Dejé de correr. Cogí la mano de mi mujer y comencé a decir que sí.

Me dieron un carnet de loco. Siempre había querido tener uno.

Pero como no me gustan los carnets
sigo investigando por mi cuenta, nunca se sabe.

Ahora tengo poquitas verdades, pero hermosas.

Y se acerca el momento de volver al planeta

si acaso alguna vez lo había dejado.

Carta a un amigo que está lejos

Morriña

Por ahí va,
caminando, el chico sin color,
el adolescente sin besos de madre,
de estación en estación,
sin ningún tren que lo lleve a ninguna parte.
Añora el verde,
cabalgar y el caldo los domingos de invierno.

Su mochila es de aire
y papel, su riqueza una anécdota en la historia,
su memoria de algodón de azúcar,
sus sueños el alegato que aguarda
el caer del mazo.

Ese es,
el chico sin color.

Morriña

Pequeña

Amarte con vestidos de volantes
después del bocadillo
con la sonrisa de la mesilla de tus padres

y deshacerte la cola
o esconderte ese regalo que
te trajo el 2 de mayo

pequeña

confundirme en tu memoria
con los primeros nombres
que sonrojaron tus labios

y guardar un pedazo
de tu historia en el bolsillo
de las sorpresas,
                        junto a las miguitas.

Asomarme a tu vocecilla
en el super 8 (se,se,se…)
tembloroso

desarmando la coraza de la prudencia
que desayuno desde
que soy un hombre sano.

Ese hilo inagotable
de los años con todo lo que
aún no era yo.
Tu juventud.
Para mí. Eso significan
las arrugas en tu pecho
para mí.

Pequeña

Teatro

En el programa
de llantos y pataletas de hoy
no hay amantes pretéritos
(aún)
ni mensajes escritos en el lenguaje absurdo
de la psicosis
(todavía no, pero veamos…)
Primer acto:
el trabajo
Segundo acto:
el valor
Desenlace: los dos actores principales se matan a hostias,
uno y el otro. Plas-plas-
plas. Vencido. Sin portazos
Teatro

Los límites

Si alargamos las voluntades
desbordando las envidias,
solamente limitados por la luna creciente y el agua salada,
llegaremos el centro mismo del querer
al en sí mismo de las cosas importantes
justo a tiempo:
para vivir juntos;
acariciar las esquinas;
acunar los lomos recien nacidos de las primeras lluvias;
bromear sobre el tiempo;
para ser.
Los límites