El doctor y yo, solos

Hoy me siento tan solidario
con las batas blancas y los tacos
de notas con publicidad de Bayer…
Mi gabinete está yermo,
como la casa del doctor,
sin pacientes ni ruidosas salas de espera
con niños, mocos y algún pecho malherido.
Todos se han ido:
caminan los empedrados suelos que pronto
la cera tintará de pasión
y harán chirriar los coches
y los jóvenes en flor.
Hoy me siento aquí,
frente al número par más hermoso,
y observo con tristeza
las puertas de la casa,
como una clínica abandonada
y sucia, que no tiene
ni una camilla libre
para un cuerpo que se deshace
en extrañarte
y en volver a visitar
tu consulta perfecta.
Volveré en 90 días.

El doctor y yo, solos

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