Elegía que no fue

No para de irse gente.
No para.
Se van… como las adolescentes recién besadas
llenas de vida
y de labios.
Llenas de todo lo que se precisa
para llamar vida
a esta cadena infinita de golpes
mortales.

Se van a trompicones
chocándose con los transeuntes
y con los hombres,
con las horas también.

Así te fuiste tú,
el día que decidiste morir
para siempre. Y yo…
quedarme para llorarte,
para vaciar tu cuarto
y mis ojos,
para traer más brazos al mundo,
más brazos y más hombros
que contengan
la caída de adán,
que amortigüen el deseo
de los hombres que miden la rutina
con decimales,
animales de pelo corto y escaso…

Qué me perdone la vida
tanta mierda
en los labios,
que yo le perdonaré
los llantos.

Poco por poco.
Gente por gente.

Elegía que no fue