Ansiedad

Aprieta la máscara, arden las mejillas
o el semáforo de la balanza
desplomada

hacia la madeja
                          infinita. Llegan las nubes.
Y oscurecen las manos,
apuntan los ojos a la mitad inferior del planeta:
se inmensa el espejo retrovisor.
Viene el mal de las lágrimas
IN-MEN-SAS
por cada arteria, empapada de angustia.
Tiemblo.
Los dientes se aprietan.
Se apaga el presente.
No para. No para.
Todo viene.
El basto silencio de la angustia ha llegado.

Ansiedad

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