Tú, ave

Tú,
que cambias el paso,
y haces que los raíles se separen
hartos de tanto llorarse,
que sueñas con los pies.
Navegas a mil kilómetros
a la hora,
exacta. A la hora exacta llegas.
Pisas tu destino, o su sala de espera,
con la punta, con lo primero de ti
que viene, porque llegas
repleta de tu cuerpo y de tus cosas.
Te paras: quieta en tu ser:
cerrando los ojos:
ofreciendo los labios al mundo.
Pero con las manos como ángeles
que aun alas doradas pareciesen,
atrás, erguidas sobre ti,
y tus pechos…
En ese instante eres mortal,
de carbono, como los poetas
(decadentes) y los pliegues de tus carnes
o tus sombras, mas no estaba
mi abrazo, ni mi vista siquiera
para contenerte,
helarte en ese preciso momento,
y vuelves fugaz a tu ritmo
de tren,
de aire quieto,
de vida encadenada
que apura, que huye, que baila, que vuela
y vuela.

Tú, ave

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