Ajenarse

Hay formas (posturas, asanas, modos)
que ni el más generoso de los amores
podría concebir
sin rubor, sin enojo.
Es por eso
que en mis manos huecas apago
estas horas de la tarde que nunca verás
y vuelvo al asiento
convencido de esperar o de gritar tu nombre,
cabizbajo, contenido.
No me atrevería a tocarte
con esta sombra, de tan negra que parece cierta,
y oscurecer tu voz
con las ruinas de una ortografía
ocupada en el discurrir
del tiempo. No lo haré.

Ajenarse

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