Un hijo en un banco de Santa Cruz

Madre
que diste vida y hambre,
¿por qué arrastras sobre
mi cuerpo tus cadenas?
Cada extremidad convertida
en fuga o talada, enmuñonada.

Madre
que elegiste la derrota indecisa
y vuelves atrás en cada
titubeo mío o nuestro.
Y lo haces sobre mí,
tu engendro, tú misma.

Madre
arráncame tu oscuridad
y apágala o acaba
con todo y contigo.
Permíteme esta noche
ser libre, amar, olvidarte.

Santa Cruz, 15/08/2012

Un hijo en un banco de Santa Cruz

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