Naturaleza

A veces
eres tan grande
que mis miserias se empapan
con tu saliva
hasta ser anécdotas de un tiempo
vago e impreciso,
más allá del hoy
y del ahora.

Otras veces,
enmudezco ante tu voz alta
y mayor. Y me hundo en
el asiento o en los zapatos
porque tu furia
me aprisiona las palabras
en la glotis, cobardes
ante la fuerza de tus razones.

A menudo
irradias tanta luz
que cada sonrisa tuya
enciende un mundo o un planeta,
y se acaban las lágrimas
o los pañuelos
en un orden sinfónico,
ja, ja, ja, jo, jo, jo.

Pero de tanto en tanto
empequeñeces y te recojo
en un abrazo infinito,
porque eres naturaleza
viva y verde, mágica
también.
En esas ocasiones me sonrojo
y casi callo,
temiendo que una palabra
te oculte, y te pierda, y me pierda la luz,
la grandeza y la voz alta.
Porque estás viva
y comes y duermes y lloras también.
Y callo. Callé.

Naturaleza

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