Es…

Es fácil
llenar la voz de lamentos
o de cuestas arriba
Es necesario
recoger los olores
y las fotos tiradas
en aparatos oscuros
Es bueno
reconocerse en las prendas
que dejamos
y en algún regalo que conservar
Es cierto
que ya no hay tiempo para adioses
todo el tiempo gastado en saludarse
Es tan cierto
todo lo que se siente
que parece vida.

Es…

El Escorial (la memoria de una historia)

En un rinconcito del congelador,
junto a los tuppers de caldo
y las cubiteras manchadas
de esa cerveza que estalló hace años,
está la pescadilla.
Sin cola que morderse. No hubo tiempo.
Allí está.
Escuchando la voz cansada de la Pérez Cruz
y la rumba leve de Manolo.
Enterrada en un mausoleo de frío
y de ansiedad.
Junto a los muertos de otras guerras,
a un ritmo de muerto vivo
que ni el mismo Cliff Burton
pudo seguir.
Hoy borro cassette.

El Escorial (la memoria de una historia)

Retirada

Cuando no puedo más
Me Retiro
Y le pido a Moyano que se acueste
Para hacer de puente Real
A la puerta de los querubines
En tierra
Y subo subo subo (3),
Ignorando los caminos de sombras
Y los seres fluorescentes
Que corren y se estiran,
Hasta la plaza que me lleva
Al Caribe, y los cánticos
De ida y vuelta en el pico
De los colibríes y las urracas.
Y no voy al palacio sin paredes
Ni al estanque de los enamorados
Sino que busco una mano
En los paseos del tango
Y las abuelas de mayo
Que llevan un nombre
Plateado que casi es el mío.
(Madr)Id vosotros
Caminando 100 años por delante
De mi era, o mil cuatrocientos
Noventa y dos años luz atrás,
Que ya yo remonto
Este tajo infinito
Que me ha arrancado el hilo
Con el que un día creé vida,
Que ya yo me encargo
De recoger los pedazos
De mi que la capital
De la barbarie custodia
Con sus reyes de mármol.
Y vuelvo a mí celda,
Y callo,
Pero dejo las Puertas abiertas
Por si acaso alguien,
En algún momento,
En alguna patria o vida,
Quisiera entrar en mí.

Retirada

La nave

Subí al palo mayor de la nave,
la que me lleva al abismo y al
infinito, en la que tantas veces
reconocimos juntos plantas
marinas y animales raros.
Desde allí me creí tan alto
que casi el cielo me tocaba
los hombros y las nubes me daban
calor y ganas de volar.
Allí permanecí un ratito,
solo un instante en el tiempo
del mundo. Un fragmentito
de vida plena y sed de futuro.
Y el viento zoaba. Y zoaba.
Y el mar rugía. Y rugía.
Pasaron todas las lunas,
despegándose por una noche
de tu espalda, acostadas,
crecían desde el suelo
del que me había despegado.
Y la nave se movía, acunada
al ritmo de la marea viva
que te trajo, que te asomó
una noche al arenal de aquella
isla que ya dejamos hace un tiempo,
ya invisible en nuestro rastro.
Hoy la nave estaba vacía.
Llena de recuerdos de ti,
y de nosotros, que otrora
fueron el paisaje de esta barca
absurda en la que viajo
con nadie a ningún lado.

La nave

La sombra del otro

Y si aparece la sombra
Del otro
Que soy yo mismo contigo
Y te abraza como yo
Y te besa como lo hago
Yo cuando te beso,
Qué

Y si aparece qué

Y si se asoma la sombra
Del otro
A este domingo de mil demonios
Todos agazapados
Esperando para lanzarse
Sobre mi corazón desnudo
Y qué

Y si aparece qué

Y si aparece y se muestra
Como parte íntima
De mi cuerpo deseante
De mi inorgánica danza
Para volverme contra ti
Para desfigurar el rostro
Que besas
Cuando me besas
Cuando soy yo
Y no la sombra
Del otro
Qué

Y si aparece y se muestra qué

Acaso no es esa sombra
Yo mismo o un doble
De todo esto que he construido
Sobre ti, acerca de ti,
Y que tantas veces has amado

No es esa misma sombra
Mi cuerpo,
Que ahora ni siento
Más allá de esa sombra
Que ha aparecido

La sombra del otro